El segundo estado era la nobleza, integrada por unas 350.000personas. Dueños del 30 % de
las tierras, los nobles estaban eximidos de la mayoría de los impuestos y
ocupaban todos los cargos públicos. Los campesinos les pagaban tributo y sólo
podían venderles sus cosechas a ellos. Tenían tribunales propios, es decir que
se juzgaban a sí mismos.
El tercer estado comprendía al
98% de la población, y su composición era muy variada. Por un lado estaba la
burguesía, formada por los ricos financistas y banqueros que hacían negocios
con el estado; los artesanos, funcionarios menores y comerciantes. Por otra
parte, existían campesinos libres, muy pequeños propietarios, arrendatarios y
jornaleros. El proletariado urbano vivía de trabajos artesanales y tareas
domésticas. Finalmente estaban los siervos, que debían trabajo y obediencia a
sus señores. El tercer estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba
todos los impuestos, hacia los peores trabajos y no tenía ningún derecho. La
burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que
protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venía ocurriendo en
Inglaterra.
Viendo la
difícil situación económica que se asomaba, la nobleza exigió que se llamara a
Estados Generales, para el tratamiento de una ley de impuestos. La monarquía
prácticamente arruinada económicamente y sin el apoyo de gran parte de la
nobleza, estaba en la ruina.
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